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lunes, 15 de junio de 2026

Un suspiro


Por mucho que mi mano se llene de tu piel en un momento
y mis dedos tecleen mil y un versos,
queda una grieta irreparable.

Recuerdo cuando tu boca se iba de la mía en un suspiro
y yo me quedaba colgada de tu aliento hasta la próxima vez.

¡Tanto te amaba, amor mío!
Palpitabas en cada una de mis palabras.

Corríamos locos y libres por nuestros cuerpos,
embriagados, lascivos, queriendo más…

Ahora somos dos seres partidos,
rotos en lo que pudo ser y no fue,
ceniza aún tibia entre las sábanas.

Atrincherados en un pequeño rayo de luz,
yo pensándote, tú recordándome.

Y así caemos tumbados,
uno y el otro,
en la distancia opaca del abismo,
llorando orgasmos ausentes.

Raquel Fraga

orgasmos ausentes


Análisis de la portada del libro Las Palabras de la tribu

 La práctica que presenté en uno de los trabajos del Master de Literatura Española en relación con las artes, se centró en el análisis de la edición de Las palabras de la tribu de José Ángel Valente publicada por Tusquets en 1994. No se trataba de estudiar el texto en abstracto, sino de atender al libro como objeto material: su portada, sus solapas, sus notas preliminares, su pertenencia a una colección concreta y, en definitiva, todo aquello que acompaña al texto y condiciona su recepción. Para abordar estos elementos resultó especialmente útil la noción de paratexto formulada por Gérard Genette, quien entiende la cubierta, las notas, las dedicatorias o la colección editorial como umbrales que median entre la obra y el lector.

El punto de partida del análisis fue la constatación de que una reedición nunca constituye una simple reproducción. La edición de Tusquets de 1994 y la de Siglo XXI de 1971 contienen los mismos ensayos, pero no son exactamente el mismo libro. La reedición introduce una nueva forma de lectura y modifica la relación del lector con el texto a través de distintas operaciones materiales y editoriales.

Uno de los aspectos más significativos es la portada. La edición original de Siglo XXI presentaba un diseño sobrio, cercano al ensayo crítico tradicional. En cambio, la reedición de Tusquets incorpora una pintura de Carl Spitzweg, El poeta pobre, en la que aparece un hombre anciano recluido en una buhardilla miserable, rodeado de libros y protegiéndose de las goteras con un paraguas abierto. La imagen construye una representación irónica y melancólica del poeta como figura marginal, entregada por completo al lenguaje y desligada de cualquier recompensa material. La elección de esta pintura no es inocente: antes incluso de que el lector abra el libro, la editorial ya está proponiendo una determinada idea de la poesía y del lugar que ocupa el poeta en el mundo. De algún modo, está construyendo un Valente previo a la lectura de Valente.

Igualmente revelador resulta el paratexto interior. La obra se integra en la colección Marginales de Tusquets, dirigida a un lector interesado en la poesía y el pensamiento contemporáneos. Esa inscripción editorial sitúa el libro dentro de un horizonte de expectativas específico y condiciona la forma en que será recibido. A ello se añade la ausencia de un prólogo externo: el volumen incluye únicamente las notas preliminares del propio Valente. Esta decisión parece reforzar la autoridad del autor sobre su obra, aunque esa autoridad termina revelándose mucho más compleja y ambigua de lo que podría parecer en un primer momento.

La segunda nota preliminar, escrita en Ginebra en 1993, más de veinte años después de la primera edición, constituye probablemente el núcleo más revelador de toda la práctica. En ella, Valente afirma que el libro ha sido “previamente aumentado, pero no corregido y en algunos extremos agravado”. La elección del verbo “agravar” resulta especialmente significativa en un contexto editorial donde cabría esperar referencias a mejoras o correcciones. Valente decide no revisar los ensayos porque entiende que pertenecen a otro momento de su vida y de su escritura. De hecho, llega a afirmar que aquellos textos fueron escritos por un autor con el que “en buena parte acaso haya coincidido”. La frase introduce una fractura temporal entre el Valente de 1971 y el de 1993 y convierte la reedición en una especie de diálogo entre dos momentos distintos de un mismo autor.

Esa distancia transforma profundamente la lectura. Cuando el lector llega al ensayo inicial, «Conocimiento y comunicación», ya sabe que el propio Valente contempla esos textos desde lejos, casi con extrañeza. Las reflexiones teóricas dejan entonces de funcionar únicamente como formulaciones críticas y adquieren también el valor de documentos pertenecientes a un momento intelectual ya concluido. La nota preliminar actúa así como un filtro histórico que desplaza el libro hacia una dimensión cercana a las memorias intelectuales.

También resulta significativa la tensión entre la voz del autor y la voz editorial. Mientras Valente insiste en la distancia, en la pérdida y en la imposibilidad de recuperar plenamente aquel momento de escritura, la solapa de Tusquets presenta el libro como una obra que reaparece “intacta” y “con el mismo vigor”. En el interior del mismo volumen conviven, por tanto, dos discursos diferentes: el del autor, consciente del desgaste y de la transformación del tiempo, y el de la editorial, que necesita reafirmar la vigencia de la obra.

Una de las principales dificultades de la práctica consistió precisamente en evitar una descripción meramente superficial. En un primer momento parecía suficiente enumerar datos materiales —la portada, las notas, el diseño o la colección—, pero pronto se hizo evidente que la cuestión fundamental no era describir esos elementos, sino interpretar qué efecto producen y cómo modifican la experiencia de lectura. Ese desplazamiento desde la descripción hacia la interpretación terminó convirtiéndose en una de las enseñanzas más importantes del trabajo.

Además, el propio Valente parece llevar al paratexto algunas de las tensiones que recorren sus ensayos y su poética. La distancia entre el yo que escribe y el yo que relee, la negativa a corregir los textos y la conciencia de que el lenguaje pertenece a un instante ya irrecuperable guardan una estrecha relación con esa poética del vaciamiento y de la atención que atraviesa buena parte de su obra. El libro no solo reflexiona sobre esas cuestiones: las encarna materialmente.

La conclusión a la que conduce esta lectura es que la materialidad del texto no constituye un aspecto secundario o externo a la interpretación. Al contrario, forma parte esencial de la producción de sentido. La portada, las notas, la colección o las decisiones editoriales no son simples añadidos: participan activamente en la construcción de la obra y en la forma en que esta llega al lector. El libro no es únicamente aquello que dice, sino también el modo concreto en que comparece ante nosotros.




miércoles, 10 de junio de 2026

La raíz invertida

Palabras como piedras se levantan,

oscuras desde el alba de tu herida,

como  enormes lápidas  en caída

que sin causa ni nombre me quebrantan.


¿Qué esperamos los dos mientras nos cantan

las sombras de una noche ya vencida?

El amor desordena la medida

y abre abismos que nunca se levantan.


No bajemos al reino de la duda,

ni a la lenta crueldad de la indirecta

ni convirtamos sangre en sombra muda.


Arranca la raíz que nos infecta;

llega con la verdad, limpia y desnuda,

hasta encontrar la voz que nos conecta.


Raíz problema amor





sábado, 6 de junio de 2026

Recital de poesía

 


La tentación de explicar la poesía


Hace unos días, preparando el recital poético de final de curso que celebraremos el próximo 12 de junio, a las 12:15, en el CIM de Altea, surgió una conversación que me hizo pensar.

Mientras ensayábamos los poemas que cada uno va a leer, uno de los alumnos me preguntó si podía hacer una pequeña explicación antes de declamar el suyo. Algo breve —me dijo— para que el público entendiera mejor el poema.

Le respondí, medio en serio medio en broma, que yo prefería que no. Que cada cual es libre de hacer lo que quiera, por supuesto, pero que quizá el poema debía llegar primero solo, sin muletas, sin instrucciones previas, sin alguien indicándonos de antemano qué debemos sentir o interpretar.

Y entonces pensé en la cantidad de veces que sucede esto en recitales, presentaciones o incluso conversaciones cotidianas sobre poesía. El poeta comienza diciendo: “Este poema habla de…”, o “Lo escribí cuando…”, y sin darse cuenta empieza a cerrar algunas puertas antes incluso de haber leído el primer verso.

No siempre ocurre, claro. A veces una breve contextualización puede ser hermosa. Pero existe también el riesgo de reducir el poema a una explicación, como si la poesía tuviera que justificarse o traducirse inmediatamente a un significado concreto.

Y quizá ahí se pierda algo importante.

Porque muchas veces el poema sabe más que quien lo escribe.

O, dicho de otra manera, hay poemas que nacen de un lugar que todavía no comprendemos del todo. Uno empieza a escribir movido por una imagen, un ritmo, una sensación difícil de nombrar. Algo insiste. Algo pide lenguaje. Y solo más tarde —a veces años después— entendemos parcialmente qué estaba ocurriendo allí.

Por eso me gusta que el poema llegue primero desnudo al lector o al oyente. Que encuentre su propia respiración en quien escucha. Que cada persona complete el sentido desde su memoria, sus heridas, sus preguntas o incluso desde aquello que no sabe explicar.

La poesía no funciona siempre como un mensaje cerrado. Se parece más a una puerta entreabierta.

Y quizá por eso algunos poemas que parecen muy claros se olvidan pronto, mientras otros permanecen dentro de nosotros sin que sepamos exactamente por qué.

Tal vez ahí, precisamente ahí, comienza la verdadera poesía.



tentación

lunes, 25 de mayo de 2026

Una sola verdad



Te quiero en lo que calla. 

No para poseerte, 

sino como luz que

apenas toca y ya sostiene. 

Entre tu distancia y la mía 

tiembla una sola verdad: 

que amar es no romper lo que aparece.

 

Te nombro sin dañarte. 

Te espero sin pedirte caída.

 Si esto arde, que arda

 con la claridad de lo que no destruye.

 Si esto vive, que viva 

en la quietud de lo que no se fuerza.


ocaso


sábado, 2 de mayo de 2026

Cómo escribir un haiku: guía completa paso a paso (con ejemplos)


Hay formas de escritura que nacen del impulso.
Y hay otras que nacen de la atención.

El haiku pertenece a las segundas.

No se trata de decir algo.
Se trata de dejar que algo aparezca.

En esta guía encontrarás, paso a paso, cómo escribir un haiku desde su forma más esencial, evitando los errores más comunes.


🌿 ¿Qué es un haiku?

El haiku es una forma breve de poesía de origen japonés que busca capturar un instante de la realidad sin explicarlo.

Tradicionalmente se compone de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, pero su esencia no está en la métrica, sino en la mirada.

No cuenta una historia.
No interpreta.
No juzga.

Muestra.


🧭 Cómo escribir un haiku paso a paso

1. Observa sin intervenir

El haiku nace de una atención radical.

No pienses en escribir.
Mira.

Un gesto mínimo, una luz, un sonido.
Algo que normalmente pasaría desapercibido.


2. Elige un instante, no una idea

Un haiku no desarrolla un pensamiento.

Captura un momento:

  • una hoja que cae
  • una sombra que cambia
  • un ruido en el agua

Si puedes explicarlo, no es haiku.


3. Evita el yo

El haiku no dice “yo siento”, “yo pienso”, “yo recuerdo”.

El sujeto no desaparece, pero se retira.

Lo que queda es la escena.


4. Usa un lenguaje concreto

Nada de abstracciones:

❌ tristeza
❌ belleza
❌ nostalgia

✔️ lluvia en el cristal
✔️ taza fría
✔️ viento en la ropa tendida


5. Introduce un kigo (palabra de estación)

El haiku suele situarse en el tiempo natural:

  • primavera → flor, brote
  • verano → calor, insectos
  • otoño → hojas, viento
  • invierno → frío, nieve

No es obligatorio, pero sí estructural en el haiku clásico.


6. Crea un corte (kireji)

El haiku funciona por tensión entre dos imágenes.

Ese “corte” puede ser:

  • un salto de imagen
  • una pausa
  • un contraste

Ahí aparece la profundidad.


7. Cuida la forma (sin obsesionarte)

El esquema 5-7-5 es útil, pero no es lo esencial.

Un haiku puede romper la métrica si mantiene la intensidad.


8. Elimina todo lo que sobra

El haiku no explica.

Sugiere.

Cada palabra debe ser necesaria.
Si puedes quitarla, quítala.


9. Deja espacio al lector

El haiku no se cierra.

Se abre.

No dice todo.
Permite que quien lo lea complete la experiencia.


🍃 Ejemplo de haiku

luz de otoño
una hoja cae lenta
sobre el silencio


⚠️ Errores comunes al escribir haiku

  • Explicar lo que ocurre
  • Introducir emociones explícitas
  • Usar metáforas elaboradas
  • Convertirlo en reflexión
  • Escribir desde la idea, no desde la percepción

📥 Descarga la guía en PDF

Si quieres tener esta estructura siempre a mano, puedes descargar la infografía completa con:

  • los 9 pasos
  • ejemplos
  • hoja de práctica

👉 [Descargar guía de haiku en PDF gratis ]

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Escribir haiku